El ambiente en el Augusta National respira un aire distinto este año. Las miradas se dividen entre el campeón defensor, un Rory McIlroy que llega con una paz mental inusual, y el vacío innegable que deja Tiger Woods, envuelto en un reciente escándalo policial que sacudió al mundo del golf.
La nueva mentalidad del campeón defensor
Con un saco verde que, curiosamente, ni ha pisado la tintorería ni ha sido ajustado a su medida, Rory McIlroy se presentó en la sala de prensa este martes transmitiendo una serenidad absoluta. Haber conquistado por fin el Masters el año pasado y asegurar el histórico Grand Slam le quitó un peso inmenso de encima. Ya no existe aquella asfixiante presión de las expectativas. Ahora se confiesa mucho más relajado, aunque recalca que su motivación por jugar bien y retener el título sigue intacta.
Sabiendo que es capaz de ganar en Augusta, su enfoque hacia el futuro cambió. Planea ser más agresivo desde el tee en esta edición y confía plenamente en que este campo, donde antes temía la larga espera hasta el jueves, le ofrecerá las mejores opciones para aumentar su total de torneos majors. A sus espaldas lleva ya 18 participaciones, una experiencia que considera vital. Sintiéndose aún joven pero muy fogueado, McIlroy cree que le quedan al menos diez buenas oportunidades para triunfar aquí. Destaca que en este campo todo resulta un poco más predecible si lo conoces a fondo.
A diferencia de otros años, en los que retrasaba su llegada al club, el norirlandés ha estado en las instalaciones desde el sábado. Aprovechó para ver la ronda final del torneo amateur femenino, entregó trofeos el domingo en la competencia Drive, Chip and Putt y salió a jugar con su padre, Gerry. El lunes jugó nueve hoyos acompañado por una multitud que lo ovacionaba como si ya estuvieran en pleno torneo. El propio jugador notó un cambio radical en la actitud del público. Los fanáticos pasaron del suplicante “vamos, Rory, tú puedes” a exigirle “¡dos seguidos!”. Sentir esa energía positiva y no tener la duda rondando su cabeza supone, en sus propias palabras, un gran alivio.
Su actual temporada ha sido algo más discreta que la espectacular racha del año pasado, cuando llegó al primer major de 2025 tras ganar el Players Championship y el Pebble Beach Pro-Am. Este año, su mejor resultado hasta la fecha es un empate en el segundo lugar en el Genesis Invitational. Aun así, su mente no solo ha estado enfocada en el aspecto deportivo. También quiere disfrutar de las festividades que conlleva ser el campeón defensor. Especialmente la exclusiva Cena de Campeones del martes por la noche. Durante mucho tiempo le afectó no poder entrar a esa sala, e incluso recordó una anécdota del año pasado. Cenaba con Justin Rose y vivieron un momento bastante incómodo al coincidir en el club mientras esa comida privada se estaba llevando a cabo.
El accidente de Woods y las críticas de sus colegas
Precisamente en esa prestigiosa Cena de Campeones se esperaba la presencia de Tiger Woods, quien además iba a inaugurar el campo corto que él mismo diseñó. Sin embargo, su realidad actual es muy diferente. Por segundo año consecutivo se pierde el Masters, tras romperse el tendón de Aquiles en marzo de 2025. Su ausencia pesa enormemente en Augusta, en especial después de su reciente arresto en Florida.
El mes pasado, Woods, de 50 años, volcó su auto tras rozar el remolque de un camión. Aunque la prueba de alcoholemia realizada en el lugar del accidente dio negativo, la policía de Jupiter Island lo arrestó luego de que se negara a un análisis de orina posterior. Los oficiales detallaron que el golfista tenía los ojos vidriosos e inyectados en sangre. Le encontraron en el bolsillo dos pastillas de hidrocodona, un potente analgésico recetado. Acusado de delitos menores por manejar bajo la influencia (DUI) con daños a la propiedad y por negarse a someterse a una prueba legal, Woods se declaró inocente y solicitó un juicio con jurado. La semana pasada anunció que se alejaría del ojo público por un tiempo indeterminado para buscar tratamiento en el extranjero, donde gozará de una privacidad que en Estados Unidos le resulta imposible.
Esta situación no dejó indiferente a nadie en la gira. Jason Day, ex número uno del mundo y que el año pasado logró un top 10 en el Masters, ofreció unas contundentes declaraciones el lunes. Aunque se solidarizó con la lucha personal que atraviesa Woods recordando que es humano y comete errores, cuestionó duramente la decisión de ponerse al volante en esas condiciones. Para Day, resulta incomprensible y bastante egoísta manejar en ese estado, poniendo en riesgo la vida de otras personas. El australiano sugirió que la arrolladora personalidad y fuerza de voluntad que definen al cinco veces campeón del Masters probablemente le hacen creer que es capaz de cualquier cosa.
Day admitió que es una situación dolorosa de presenciar. Es consciente de que hay personas que desean el fracaso de la estrella estadounidense, mientras que otras esperan que triunfe. Pese a las críticas, confía en que Woods está recibiendo la ayuda necesaria y espera que logre superar este oscuro episodio. Al final, el sentimiento generalizado entre los jugadores es de nostalgia. El mundo del golf lo extraña, y el torneo pierde parte de su magia sin su presencia en el campo.

